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La química del amor: cómo funciona un cerebro enamorado

Al sentirnos atraídos por alguien, nuestro cuerpo segrega una gran cantidad de hormonas que lo modifican y afectan nuestras actitudes. Un estudio revela el misterio de “los cachetes rojos” y otros signos del amor. 

Desde la taquicardia hasta la mirada embobada, pasando por las manos transpiradas y algo de rubor en las mejillas. Muchos son los síntomas y uno el diagnóstico: estamos enamorados. Y la pregunta surge, inevitable: ¿cómo es el proceso orgánico y químico que nos produce estas alteraciones?

La respuesta la dio un estudio efectuado por el Departamento de Psiquiatría y Neurociencias de la Universidad de Loyola (EEUU). De acuerdo a sus resultados, al enamorarnos se genera una verdadera invasión de sustancias químicas en todo nuestro cuerpo, que son las responsables de estas mutaciones físicas y del bienestar general que sentimos.  

Según explica Domeena Renshaw, directora de la investigación, el cocktail químico-cerebral de los enamorados incluye dopamina, adrenalina y norepinefrina. La  primera es la responsable de la euforia que se siente en este estado y las otras dos, de la taquicardia y de la falta de sueño.

¿Por qué nos enamoramos de una determinada persona y no de otra? Innumerables investigaciones psicológicas demuestran lo decisivo de los recuerdos infantiles -conscientes e inconscientes-. La llamada teoría de la correspondencia puede resumirse en la frase: "cada cual busca la pareja que cree merecer".

Parece ser que antes de que una persona se fije en otra ya ha construido un mapa mental, un molde completo de circuitos cerebrales que determinan lo que le hará enamorarse de una persona y no de otra. El sexólogo John Money considera que los niños desarrollan esos mapas entre los 5 y 8 años de edad como resultado de asociaciones con miembros de su familia, con amigos, con experiencias y hechos fortuitos. Así pues antes de que el verdadero amor llame a nuestra puerta el sujeto ya ha elaborado los rasgos esenciales de la persona ideal a quien amar.

http://www.youtube.com/watch?v=6itm-rjzH5U

La química del amor es una expresión acertada. En la cascada de reacciones emocionales hay electricidad (descargas neuronales) y hay química (hormonas y otras sustancias que participan). Ellas son las que hacen que una pasión amorosa descontrole nuestra vida y ellas son las que explican buena parte de los signos del enamoramiento.

Cuando encontramos a la persona deseada se dispara la señal de alarma, nuestro organismo entra entonces en ebullición. A través del sistema nervioso el hipotálamo envía mensajes a las diferentes glándulas del cuerpo ordenando a las glándulas suprarrenales que aumenten inmediatamente la producción de adrenalina y noradrenalina (neurotransmisores que comunican entre sí a las células nerviosas).

Sus efectos se hacen notar al instante:

El corazón late más deprisa (130 pulsaciones por minuto).

La presión arterial sistólica (lo que conocemos como máxima) sube.

Se liberan grasas y azúcares para aumentar la capacidad muscular.

Se generan más glóbulos rojos a fin de mejorar el transporte de oxígeno por la corriente sanguínea.

Los síntomas del enamoramiento que muchas personas hemos percibido alguna vez, si hemos sido afortunados, son el resultado de complejas reacciones químicas del organismo que nos hacen a todos sentir aproximadamente lo mismo, aunque a nuestro amor lo sintamos como único en el mundo.

El secreto del placer

Al realizar resonancias magnéticas sobre el cerebro de personas enamoradas se descubrió que, frente al sentimiento de Cupido, aumenta el flujo sanguíneo hacia el centro del placer.

A esto hay que agregarle el descenso del nivel de serotonina en las neuronas. ¿Y qué es lo que produce? Esta sería la razón por la que, sobre todo al comienzo de la relación, “sólo tenemos ojos para nuestra pareja”, explica la investigadora Renshaw.

Es cierto, no podemos negarlo, es un hecho científico que existe una química interna que se relaciona con nuestras emociones y sentimientos, con nuestro comportamiento, ya que hasta el más sublime está conectado a la producción de alguna hormona.

No hay una causa y un efecto en la conducta sexual, sino eventos físicos, químicos, psíquicos, afectivos y comunicacionales que se conectan de algún modo, que interactúan y se afectan unos a otros.

Existe, sí, una alquimia sexual, pero se relaciona íntimamente con los significados que le damos a los estímulos, y éstos con el poder que les ha concedido una cultura que, a su vez, serán interpretados por cada uno que los vive de acuerdo con sus recursos personales y su historia. Esperemos que estos estudios en un futuro nos conduzcan a descubrir aplicaciones farmacológicas para aliviar las penas de amor.

Fuente: Agencias